La verdadera felicidad consiste en hacer el bien.
La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola.
Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…
Pedimos milagros, como si no fuese el milagro más evidente el que los pidamos.
A un pueblo no se le convence sino de aquello de que quiere convencerse.
La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta.
Una de las ventajas de no ser feliz es que se puede desear la felicidad.
Las leyes no son crueles ni suaves; son inmutables, y, como tales, previsibles, cuadros fijos en cuyo interior incumbe al hombre diseñar lo mejor que sepa su destino.