A veces, el silencio es la peor mentira.
Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte.
El progreso consiste en renovarse.
La verdadera ciencia enseña, por encima de todo, a dudar y a ser ignorante.
El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad.
El que quiere todo lo que sucede, consigue que suceda cuanto quiere. ¡Omnipotencia humana por resignación!. A esta resignación sólo por la gracia se llega.
El amor compadece, y compadece más cuanto más ama.
Antes hay que desconfiar del que busca razones por las que nos beneficia, que del que nos beneficia sin buscar razones.
Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee.
A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.
La vida no es sueño. El más vigoroso tacto espiritual es la necesidad de persistencia en una forma u otra. El anhelo de extenderse en tiempo y en espacio.
Pedimos milagros, como si no fuese el milagro más evidente el que los pidamos.
A un pueblo no se le convence sino de aquello de que quiere convencerse.
La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta.
Llamo rumiantes a los hombres que se pasan rumiando la miseria humana, preocupados de no caer en tal o cual abismo.
La filosofía responde a la necesidad de hacernos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida.
Una de las ventajas de no ser feliz es que se puede desear la felicidad.
La opinión de toda una multitud es siempre más creíble que la de una minoría.
¿Racionalizar la fe?. Quise hacerme dueño y no esclavo de ella, y así llegué a la esclavitud en vez de legar a la libertad en Cristo.
Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros.
Obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas morir.
Existe gente que está tan llena de sentido común que no le queda el más pequeño rincón para el sentido propio.
Ahora empiezo a meditar lo que he pensado, y a verle el fondo y el alma, y por eso ahora amo más la soledad, pero aún poco.
Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende.
Contra los valores afectivos no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera verdad.
Los satisfechos, los felices, no aman; se duermen en la costumbre.
Quiero vivir y morir en el ejército de los humildes, uniendo mis oraciones a las suyas, con la santa libertad del obediente.
La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio.
Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado.
Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que será.
El cielo de la fama no es muy grande, y cuántos más en él entren a menos tocan cada uno de ellos.
Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos.
Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio.
El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura.
La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.
Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento.
Todo acto de bondad es una demostración de poderío.
Besos que vienen riendo, luego llorando se van, y en ellos se va la vida, que nunca más volverá.