Tanto el creyente como el no creyente son seres humanos. Debemos tenernos un gran respeto.
La tolerancia y la paciencia son mucho más profundas y efectivas que la mera indiferencia.
La bondad o la maldad de los actos la determina su fruto.
La amistad sólo podía tener lugar a través del desarrollo del respeto mutuo y dentro de un espíritu de sinceridad.
El éxito y el fracaso depende de la sabiduría y la inteligencia, que nunca pueden funcionar apropiadamente bajo la influencia de la ira.